Misofonía: cómo dejar de odiar los sonidos de sorber, toser o masticar
¿Te molesta insoportablemente escuchar a alguien masticar con la boca abierta o sorber la sopa?
¿Sientes odio, ansiedad o una reacción inmediata de rechazo cuando otra persona tose, hace ruidos al tragar o carraspea la garganta?
Si frases como “odio los ruidos al comer” aparecen una y otra vez en tu cabeza, no estás solo. Esa intensa intolerancia a sonidos orales molestos puede estar relacionada con la misofonía, una condición real en la que ciertos sonidos cotidianos desencadenan reacciones emocionales desproporcionadas.
En este artículo te explico qué es la misofonía, por qué sonidos como sorber, toser, masticar o tragar generan tanto malestar, qué pensamientos, emociones y conductas suelen aparecer, y cómo es posible dejar de sufrir por estos sonidos mediante un abordaje psicológico adecuado.
¿Qué es la misofonía y por qué ciertos sonidos corporales resultan tan intolerables?
La misofonía se caracteriza por una hipersensibilidad selectiva a determinados sonidos, especialmente aquellos producidos por el cuerpo de otras personas. No se trata de que el sonido sea fuerte, sino de cómo el cerebro lo procesa.
Sonidos cotidianos que para la mayoría pasan desapercibidos —como masticar, sorber, toser o tragar— pueden provocar en la persona con misofonía una reacción automática de ira, ansiedad o asco, difícil de controlar.
Es importante entender que no es una elección. El sistema nervioso interpreta estos sonidos como una amenaza o una invasión, activando una respuesta intensa de alerta. Por eso la reacción es tan rápida, visceral y desproporcionada: ocurre antes de que puedas pensar.
Sonidos desencadenantes más habituales
Aunque cada persona puede tener desencadenantes distintos, los sonidos orales y corporales involuntarios son los más frecuentes:
Sonidos al comer o beber: masticar alimentos crujientes, chasquear los labios, sorber bebidas calientes, hacer ruido al tragar.
Ruidos de la boca o la garganta: toser, carraspear, hacer gárgaras o tragar saliva.
Sonidos nasales o respiratorios: resoplar, sonarse la nariz o respirar fuerte.
Otros sonidos repetitivos: clics constantes, tecleo, relojes, pequeños ruidos rítmicos.
Estos sonidos no solo molestan: generan una reacción emocional intensa que puede hacer que situaciones cotidianas como compartir una comida, trabajar en silencio o convivir con otras personas se vuelvan extremadamente difíciles.
Pensamientos, emociones y conductas comunes en la misofonía
Pensamientos habituales
“No lo soporto”
“Necesito que pare”
“Va a arruinar el momento”
“No debería afectarme tanto, pero no puedo evitarlo”
Aunque después la persona reconozca que la reacción fue excesiva, en el momento resulta incontrolable, lo que genera culpa y frustración.
Emociones frecuentes
Ira intensa e inmediata
Asco o rechazo físico
Ansiedad o angustia
Sensación de perder el control
Reacciones físicas
Taquicardia
Tensión muscular
Sudoración
Nudo en el pecho o el estómago
El cuerpo reacciona como si estuviera ante un peligro real.
Conductas habituales
Evitar comidas o reuniones
Usar auriculares o tapones de forma constante
Abandonar espacios rápidamente
Aislarse socialmente
Sentirse incomprendido o “exagerado”
Estas conductas alivian a corto plazo, pero mantienen el problema a largo plazo.
Testimonios: del sufrimiento al alivio
“Vivía con auriculares todo el tiempo. Evitaba comidas familiares y reuniones. Pensaba que tendría que vivir así siempre. Con el tratamiento entendí que el problema no era el sonido, sino mi reacción. Hoy puedo convivir con esos ruidos sin que me dominen.”
“Durante años creí que era maniática. Me sentía culpable por enfadarme tanto. Aprendí a gestionar mi respuesta y ahora vivo con mucha más calma, incluso cuando aparecen sonidos que antes me desbordaban.”
Estos testimonios reflejan algo fundamental: la misofonía puede mejorar de forma significativa cuando se aborda correctamente.
Estrategias psicológicas para afrontar la misofonía
Un abordaje eficaz trabaja varios niveles:
Comprender lo que ocurre
Poner nombre a lo que te pasa reduce la culpa y la autoexigencia.
Trabajar la anticipación
La hipervigilancia constante mantiene activado el sistema nervioso.
Reeducar la respuesta emocional
El objetivo no es aguantar, sino desactivar la alarma interna.
Acercamiento progresivo y guiado
Nunca forzada. Siempre acompañada y estructurada.
Regulación del sistema nervioso
Aprender a volver a la calma cuando aparece el sonido.
Con el tratamiento adecuado, los sonidos pierden poder y dejan de condicionar tu vida.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Es recomendable hacerlo si:
El sonido afecta a tu bienestar diario
Evitas situaciones sociales
Vives en alerta constante
Sientes que estás perdiendo calidad de vida
La misofonía no se supera a base de fuerza de voluntad. Se trabaja.
Si odias los sonidos de masticar, sorber, toser o tragar, no eres exagerado, ni intolerante, ni débil.
Tu sistema nervioso ha aprendido a reaccionar así…
y puede reaprender.
Tu vida no tiene por qué girar alrededor del ruido.
La calma es posible. ¡CONTACTA HOY MISMO!
